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Cuando ganó Eurovisión en 2004, Ruslana Stepánivna Lyzhychko poco imaginaba que meses después reclamaría la cabeza de Víktor Yanukóvich en las calles de Kiev, pero así surgen los héroes en los conflictos, de donde menos se espera.

Si “Wild dances” le otorgó 280 puntos, el mayor registro de la historia del festival hasta el momento, y el estrellato en su país, el triunfo de la Revolución Naranja la llevó de la calle al Parlamento, donde fue diputada un año por el partido de Víktor Yúshchenko, el opositor a Yanukóvich.

En cuanto las cosas se calman, su carrera languidece. Y en cuanto la plaza Maidan se ha levantado de nuevo contra Yanukóvich, Ruslana ha emergido como una de las lideresas de las protestas. Amenazada de muerte, protegida por escoltas, la cantante eurovisiva animaba cada noche con sus canciones a los manifestantes hasta que las cosas se pusieron feas.

Dicen sus críticos que lo que quiere es volver a vender discos; sí es cierto que ha aprovechado toda plataforma mediática que se le ha ofrecido, incluida la CNN y pese a su inglés más bien pobre.

EL PIANISTA EXTREMISTA

El aura romántica que le falta a Ruslana la tiene un hombre con un piano. Ha tocado en el ayuntamiento de Kiev y en plena calle, siempre con un pasamontañas o un casco de moto. De él sólo se sabe que es un joven de veintitantos que estudia en el conservatorio y que toca el himno de Ucrania y temas de Chopin o de Ludovico Einaudi, como este “Nuvole Bianche”.

Le llaman el Pianista Extremista, aunque es difícil que la música de Chopin enardezca a las masas como podía hacerlo en el XIX. Sí anima a los revolucionarios ucranianos a no desfallecer, y ya ha generado imitadores, como el de la foto, con su piano pintado de azul y amarillo frente a la policía, o los que a principios de febrero subieron a tocar a una barricada de la calle Grushevsky.

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Ucrania puede todavía generar nuevos héroes musicales, de hecho también han salido a la calle músicos como Slava Vakarchuk, líder de la popular banda Okean Elzy. En plena revolución, o los músicos se erigen como líderes o sus sonidos se vuelven vitales para resistir, pero permanecer en silencio no es una opción.

PD: Aquí o justo debajo podéis escuchar la versión radiofónica de este post en el Directe 4.0 de Ràdio 4 (a partir del 44’25”)

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